lunes, 17 de noviembre de 2014

Exposición de Pepe Baena.

El pasado jueves los alumnos de la Academia D'arte contamos con un guía de lujo para la visita a su exposición. El propio Pepe en persona nos mostro en un recorrido entrañable su obra y atendió a las preguntas de los alumnos. Dándonos las pautas para entender su obra y respondiendo a cuestiones tanto técnicas como estilísticas. Toda una experiencia de gran valor con la que no se cuenta siempre. Gracias Pepe por tu amabilidad, simpatía y tu ayuda. Eres uno de los grandes de Motril, hoy y siempre.
 
 
El genial artista motrileño presentaba el viernes 31 su exposición antológica compuesta por 80 cuadros en los que despliega su universo onírico. La Casa Condesa se quedaba pequeña para albergar a la multitud de vecinos y amigos que acudían a la cita que estará presente durante todo el mes de noviembre.
 
 
 
 
Asomarse al universo imaginario de Pepe Baena, reconocido unánimemente como uno de los mejores pintores de la Costa, supondría estar acompañado de Puccini, Wagner y Mahler. Estos convivirían con anunciaciones y con él, como eterno protagonista, en el papel de Ulises u Orfeo, unas veces; otras, ejerciendo de vendedor de fruta en la playa o de inventor de calas.
Sorprende la complejidad de su obra, la “ locura” -como él mismo define- que habita en su cabeza, con la aparente ‘normalidad’ (dice, por el contrario, que es “alguien muy normal”) de un hombre de 74 años, larguirucho, como las figuras de sus obras, y muy dicharachero. Pensar en Pepe Baena y no esbozar una sonrisa rememorando una conversación con él, es algo imposible.
  Es esa contradicción lo que atrapa de Pepe Baena. Imposible llegar hasta el fondo de sus sentimientos, de sus pensamientos, de sus vivencias, ni siquiera para los más cercanos. Y es lo que le hace aún más misterioso. Tan sólo muestra algo de su alma -no con cierto reparo- a través de sus obras. Dice haciendo suya una frase de James Joyce: “Encontrarás mis palabras oscuras, pero lo verdaderamente oscuro es mi alma”.
  El personaje simpático (y no de manera forzada sino completamente sincera), el “tendero” de toda la vida que despachó tejidos a medio Motril, contrasta con el mundo azul y gris que plasma en sus cuadros y también en sus escritos. Personajes decrépitos, tenebrosos, moscas, muertes, pasiones imposibles, algo que nunca llega … “Un amigo mío tuvo que quitar de la pared un cuadro que le regalé, porque le daba miedo a su hija”, comenta entre bromas.
Dicen sus incondicionales que de haberse ido a París a vivir hace 40 años, habría marcado una época en la historia del surrealismo. Quizá en el fondo él también lo sabe, pero su humildad y sencillez injustificadas no permiten que lo reconozca.
Cuando habla de su lugar de origen, se comprende algo. “Hubiera sido incapaz de haber nacido en ningún otro sitio que no hubiera sido Motril, es mi caparazón, como el de un caracol”.
El arte es su vida. Pinta y dibuja desde siempre. Pepe Baena dice que incluso hay veces que se convierte en “doloroso” y que hay que tener “mucho humor” para hacerlo.
Cuando tenía 7 años acudió a la Escuela de Artes y Oficios de Motril. Los ejercicios que ponían a los otros alumnos le resultaban extremadamente fáciles. Eso hizo que los demás niños le cogieran manía y quisieran vengarse de él por su superior talento. Reaccionó como cualquier niño al que le pueden hacer daño, marchándose a casa para no volver a pisar la clase.
Todos sus conocimientos los ha adquirido de manera autodidacta. Durante décadas regentó el negocio de tejidos y “pañería” de su padre, José Baena, como él. Era uno de los negocios clásicos de la ciudad costera. Cuando cerró, le hicieron una cálida fiesta de despedida numerosos vecinos, un gesto que conmovió al artista. Este último calificativo no le gusta, al igual que tampoco los actos honoríficos -como ya le han pedido distintas corporaciones- ni los premios. Huye de todo ello, incluso de las entrevistas.

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