miércoles, 13 de noviembre de 2013

pintando el cine 5




Los amantes de Montparnasse 19, de Jacques Becker (1958)
1958. Francia, Italia. 115 min.
DIRECTOR. Jacques Becker
GUIÓN. Henri Jeanson, Jacques Becker
MÚSICA. Georges Van Parys
FOTOGRAFIA. Christian Matras
INTÉRPRETES. Gérard Philipe, Lilli Palmer, Anouk Aimée, Lila Kedrova, Arlette Poirier, Pâquerette, Marianne Oswald, Judith Magre, Denise Vernac, Robert Ripa, Jean Lanier, Chantal De Rieux, Jany Clair, Antoine Tudal, Bruno Balp


Es una película biográfica sobre la mísera existencia de uno de los más famosos pintores del siglo XX: Modigliani, obligado a vivir en la más absoluta miseria malvendiendo sus cuadros para sobrevivir de mala manera y hundirse cada vez más en el alcohol; también su vida amorosa oscila entre el amor de una joven pura e ingenua que ama sin límites al artista y el de una rica y poco escrupulosa escritora americana que sólo busca en él la aventura, aunque ayuda al pintor más de una vez cuando entra en una de sus crisis. Una vida así no podía terminar más que de la manera más trágica y miserable, muriendo como un perro en una calle de París, mientras un avispado marchante de arte, como un ave carroñera, espera su muerte para expoliar sus cuadros, consciente de que un día valdría mucho dinero. Describe creo que con bastante fidelidad lo que fue a grandes rasgos la calamitosa situación de Modigliani en Montparnasse, y probablemente se acerque bastante a su personalidad real, justificada por su modo de vida.
 Quizás subiría algo su valor si se hubiesen aligerado algunos tópicos y se hubiesen introducido algunos fragmentos que versaran sobre la obra de Modigliani, más allá de las crónicas embriagadoras de su estilo de vida, arquetipo clásico del artista en el imaginario social. Al mismo tiempo la película actúa como crítica válida con el arte que poco tiene que ver con las cabezas y sí con los bolsillos y la especulación.
 
 
Amadeo Modigliani nació en Livorno en 1884. Desde pequeño, la enfermedad y su obsesión por el arte le acompañaron toda la vida. Ayudado por su familia se formó en importantes escuelas de arte y tomó contacto con importantes artistas. Su afición se canalizó hacia la escultura desde 1902. En París, desde 1906, talló y pintó, fue asiduo de reuniones ocultistas, inmerso en la vida bohemia y consumiendo hachís, en tiempos en que Picasso se iniciaba en el cubismo. En sus obras pictóricas se distingue la huella de Cézanne, la de Toulouse-Lautrec, Gauguin y Picasso de la época azul.
Animado por el escultor rumano Brancusi, decide en 1909 consagrarse a esta actividad, en talla directa influida por el arte africano, el egipcio y el griego arcaico, mientras su salud se deterioraba y su dependencia a las drogas hacía estragos en su cuerpo. El coste de los materiales y la salud de sus pulmones, hace que a partir de 1914, vuelva a la pintura. Mantuvo con Beatrice Hastings, una poetisa sudafricana, una tormentosa relación amorosa. Su primera exposición fue clausurada por la policía a causa de unos desnudos. Tuvo una hija, Jeanne, con su última compañera, Jeanne Hébüterne. Enfermo, alcoholizado y drogadicto, murió en enero de 1902, tras una terrible agonía.  A las pocas horas se suicidó su compañera.


 

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